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El gran Gatsby (1925)

Autor: F. Scott Fitzgerald

Género: Novela moderna / drama social / tragedia americana

Argumento

Nick Carraway llega a Long Island en los años veinte y se introduce en un mundo de riqueza, fiestas y apariencias. Allí conoce a Daisy Buchanan, una mujer bella y frágil, y a su esposo Tom, violento, infiel y arrogante.
En la casa vecina vive Jay Gatsby, un hombre misterioso que organiza fiestas fastuosas a las que acuden multitudes, aunque casi nadie lo conoce realmente.

Poco a poco se revela la verdad: Gatsby ha construido su fortuna y su vida entera para recuperar a Daisy, el amor de su juventud, y borrar su pasado pobre. Cree que el dinero puede rehacer el tiempo, que el pasado puede repetirse si se lo desea con suficiente intensidad.

La ilusión dura poco. Un accidente, una traición y una cadena de cobardías sellan el destino de Gatsby, mientras los verdaderos responsables continúan sus vidas sin culpa ni consecuencias.

Opinión

El gran Gatsby me sorprendió por su simplicidad luminosa.
Es una novela breve, de lectura ágil, escrita con esa claridad que sólo tienen las cosas verdaderamente bellas. No hay exceso ni retórica: cada frase avanza limpia, como si la tragedia no necesitara elevar la voz.

Gatsby aparece tarde en el relato, casi como un mito. Antes están Daisy y su mundo hueco, ese universo elegante y vacío donde nada importa demasiado. Cuando él irrumpe, lo hace como una figura extravagante, casi teatral, con un aura de misterio que lo vuelve fascinante. Hay en él algo del Conde de Montecristo, pero sin sed de venganza: Gatsby no vuelve para destruir a su enemigo, sino para corregir su pasado.

Tom y Daisy son personajes grotescos en su normalidad. No aman, no sienten culpa, no asumen responsabilidades. Engañan, destruyen, y luego se refugian en el dinero como en un escondite moral. Son la encarnación de una crueldad elegante y despreocupada.

Gatsby logra por un instante lo imposible: desplazar a Tom y recuperar a Daisy gracias a su riqueza. Pero el destino actúa con un cinismo implacable. Daisy atropella, Tom señala, Wilson mata, y ninguno de los verdaderos culpables paga. La vida sigue, intacta, para quienes pueden permitirse no mirar atrás.

La soledad final de Gatsby es devastadora. Las multitudes que llenaban su casa desaparecen como una pompa de jabón. Nadie asiste a su funeral. Incluso su padre, orgulloso del éxito de su hijo, parece incapaz de lamentar verdaderamente su muerte.

Gatsby es un antihéroe trágico.
No se salva, no aprende, no triunfa. Cree demasiado: en el amor, en el dinero, en la posibilidad de volver atrás. Y es esa fe —hermosa y fatal— la que lo destruye.

El gran Gatsby no es una novela sobre el sueño americano, sino sobre su mentira más íntima: la ilusión de que todo puede comprarse, incluso el pasado.

Valoración personal

Excelente