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El Eternauta (1957)

Autor: Héctor Germán Oesterheld / Francisco Solano López

Género: Ciencia ficción / Alegoría política / Tragedia existencial

Argumento

Una nevada mortal cae sobre Buenos Aires.
No es un fenómeno natural: es el inicio de una invasión.
Juan Salvo, junto a su familia y un pequeño grupo de personas comunes, intenta sobrevivir y comprender qué está ocurriendo.

A medida que la historia avanza, se revela una estructura de poder escalonada: enemigos visibles que no son más que mandos intermedios, sometidos a fuerzas cada vez más lejanas, más abstractas, más inalcanzables.
Nunca hay un responsable último.
Nunca hay una victoria definitiva.

El tiempo se fragmenta.
El relato se vuelve un bucle.
Juan Salvo queda atrapado en un eterno retorno donde los hechos parecen repetirse sin posibilidad de cierre.

Opinión

El Eternauta es profundamente kafkiano.
No por su estética, sino por su lógica:
siempre hay un nivel más,
una instancia superior,
un poder más distante.

Los enemigos no son el mal absoluto:
son engranajes.
Víctimas y verdugos a la vez.
La lucha nunca es contra un rostro, sino contra una estructura infinita.

El eterno retorno que atraviesa la obra no es redentor.
No promete aprendizaje automático.
Es la repetición de la tragedia histórica:
la sensación de que, aunque se resista, el sistema siempre encuentra la forma de imponerse.

Sin embargo, esa repetición no es idéntica.
Cada iteración introduce pequeñas variaciones.
Gestos.
Decisiones.
Fidelidades.

Tal vez el bucle no se rompe en esta vuelta.
Tal vez haga falta perder primero.
Como en los sistemas que aprenden, como en los universos posibles, como en las tragedias humanas:
la derrota también acumula memoria.

Lo más poderoso de El Eternauta no es la épica, sino su honestidad moral.

Juan Salvo no es un héroe elegido.
No es invencible.
No promete salvación.

Hace lo único que puede hacer:
no abandonar a los otros.

La obra no dice que luchar garantice la victoria.
Dice algo más duro y más verdadero:
que luchar puede no alcanzar,
pero rendirse sí garantiza la derrota ética.

No hay sentido cósmico.
No hay justicia final.
Pero hay una decisión mínima que se repite una y otra vez:
no convertirse en engranaje,
no aceptar la lógica del poder,
no dejar de resistir.

En ese gesto —limitado, frágil, humano—
vive todo el sentido posible.

Conclusión

El Eternauta no ofrece esperanza ingenua ni nihilismo cómodo.
Propone una ética de la resistencia en un mundo donde el mal puede ser infinito y anónimo.

Tal vez el sistema aprenda.
Tal vez una variación, en alguna iteración futura, rompa el bucle.
Tal vez no.

Pero mientras tanto, alguien sigue prendiendo la luz.
Alguien sigue cuidando al grupo.
Alguien sigue diciendo “no” cuando sería más fácil obedecer.

Y eso —aunque no gane esta vez—
ya importa.

Valoración personal

Excelente